Análisis de problemas sociales en el Perú

PICARONES 1947

En 1947 cursaba el tercer año de Primaria en el Centro Escolar No. 405 bajo la tutela de nuestro querido profesor Espinoza. Recuerdo con orgullo una mañana que nos estaba enseñando sobre números quebrados, nuestro profesor para verificar si estábamos entendiendo la lección hacia preguntas a diferentes alumnos sin recibir respuestas correctas, finalmente me pregunta a mi que respondo “5/6”; se emocionó y yo también cuando dijo “ Cómo quisiera tener 50 Veras como alumnos!”.

Debido a la escasez de locales escolares, mi escuela funcionaba solo en las mañanas, mientras que la tarde funcionaba el Centro Escolar No. 386. Ese hecho permitió que cuando mi señora madre Antonia se decidió a vender picarones para mejorar nuestros ingresos económicos, ya que el sueldo de mi padre Nicolás, suboficial de la Guardia Civil no alcanzaba, yo la acompañaba para hacer de cobrador sin que ella tocara dinero cuando cocinaba los picarones.

En casa, Mamá, aparte de los quehaceres cotidianos, trabajaba en preparar la masa de los picarones y su correspondiente miel. Para la masa ella mezclaba en una olla grande la harina de trigo, harina de camote, zapallo cocido y desmenuzado, agua, agua de anis y levadura. En seguida ella agitaba la mezcla con un cucharón grande de madera. Luego con sus manos fuertes y brazos poderosos batía incesantemente la masa incipiente hasta convertirla en una masa homogénea. El siguiente paso era cubrir la olla con una tela de algodón y ubicarla en una parte tibia de la cocina para que la masa se eleve y llegar a la consistencia picaronera. Para hacer la miel, Mamá ponía chancada, hojas de higo y canela en agua, haciéndola hervir hasta que se convierte en el liquido viscoso llamado miel de picarones.

Teniendo todo listo, Mamá contrataba un carretillero para llevar la masa y la miel, utensilios, un bracero a carbon, baldes para lavar los utensilios, y una mesa de trabajo. Con el carretillero nos dirigíamos a la Plazuela Buenos Aires, pasando por el Restaurante Popular No. 1, que atendía gratis a estudiantes por el Jirón Ayacucho (cambiado después a Antonio Miro Quesada y actualmente a Santa Rosa), y por el jirón Cuzco servia a gente del pueblo por un precio módico. Llegando a la plazuela ubicábamos nuestro puesto de picarones en el centro de la plazuela, lado Este. 

Después de armar nuestro puesto, Mamá estaba lista para cocinar los picarones. Ademas del bracero instalado y la sartén grande con aceite, teníamos un balde con agua para lavar los platos donde se servían los picarones. 

Al lado de nuestro puesto una niña mayor que tenia un puesto de libros usados decía que yo tenia ojos de tábano (Vaya comparación!). En la zona que estábamos ubicados, lado Este de la plazuela se notaba mucho trafico peatonal y habían algunos restaurantes pequeños, cuyos comensales aprovechaban disfrutar de nuestros picarones después de sus comidas. También eran nuestros clientes la gente que salía del cine Conde de Lemos. 

Con el aceite ya caliente Mamá empezaba a freír los picarones porque los clientes empezaban a amontonarse. Ella con la mano derecha cogía la masa a la que  diestramente le daba la forma anular y la depositaba en el aceite caliente muy cuidadosamente. Cuando los picarones estaban listos los recogía con una varita de madera depositándolos en una fuente. Con la misma varita ponía los picarones en platos para los clientes, haciendo notar que el primer cliente de los picarones era este feliz suscrito. Así, en esa forma pasábamos el tiempo, ella fríe qué trie los picarones y yo cobrando, sumando y restando y dando vuelto a nuestra gente. 

Esta experiencia de trabajar con mi señora madre la recuerdo como una experiencia tierna y que mostraba el gran amor que tenia ella por nosotros trabajando con los picarones y a la vez trabajando a tiempo completo en la casa para mantenernos bien.

¡Gracias Mamá!